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miércoles, 11 de mayo de 2016

El reconocido constitucionalista complutense, Dr. Italo Antinori Bolaños, en un sentido escrito hecho desde la caribeña y muy encantadora ciudad de Panamá, le hace un significativo homenaje de consideración, a D. Fernando Álvarez de Miranda y Torres, destacado personaje de la historia española del siglo pasado, de quien fue su amigo, y quien ha fallecido en Madrid a los 92 años de edad el pasado 7 de mayo de 2016

FERNANDO ÁLVAREZ DE MIRANDA: UN CIUDADANO EJEMPLAR.
Análisis del Dr. Italo Antinori Bolaños (*)

Todavía no dejo de agradecerle a Dios la oportunidad de haberme colocado en Madrid, España, en años posteriores que fueron fundamentales para la consolidación de la Transición Española, ocurrida a partir del 20 de noviembre de 1975, después de la muerte de Francisco Franco.  Con un título de Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá y con muchas ilusiones académicas, viajé a Europa para prepararme con un Doctorado en el área del Derecho Constitucional, una de las grandes pasiones de mi vida.  Dios quiso que por asuntos académicos conociera y me relacionara con personajes históricos de España a quienes tuve como mis profesores, tutores, guías, referentes y amigos, en el campo de la academia y del alto intelecto.  Así pude relacionarme con personajes que la historia de España coloca en sitiales imperecederos como  Manuel Fraga, Luis Sánchez Agesta, Manuel Jiménez de Parga, Joaquín Ruiz Giménez, entre otros eminentes profesores ya fallecidos, otros vivos como Alfonso Fernández Miranda, distinguido sobrino muy querido de Torcuato Fernández Miranda, verdadero ideólogo de la Transición Española.
En 1987, asistí a una conferencia sobre la Constitución Española de 1978 y allí por primera vez conocí, por Don Luis Sánchez Agesta, a quien había dictado la entusiasta conferencia llena de anécdotas sobre la transición española de la que había sido partícipe directo.  Era Don Fernando Álvarez de Miranda, quien estaba unos días por Madrid pues ocupaba el cargo de Embajador de España en El Salvador.  Era santanderino y un histórico y respetado dirigente español quien había sido Presidente del Congreso de los Diputados de la Transición Española, entre 1977 y 1979, quien había tenido el alto honor de pasar a la historia, por haber firmado en el Palacio de las Cortes, a 27 de diciembre de 1978 – tal como dice la Constitución – junto con el Rey Juan Carlos I de España, la Constitución Española de 1978, que rige en España y que, con muchísimas más luces que algunas pequeñas sombras, ha sido el vértice fundamental para estructurar la democracia española.
 Después de la firma del Rey Juan Carlos, firmó Antonio Hernández Gil como Presidente de las Cortes, posteriormente lo hizo Don Fernando Álvarez de Miranda como Presidente del Congreso de los Diputados, y finalmente, Antonio Fontán Pérez, como Presidente del Senado de esa época.  El ser consciente que estaba conociendo y relacionándome con personajes históricos de España, producía en mí una enorme emoción y una sed inagotable por buscar el conocimiento.  Leía cuanto libro encontrase sobre la Transición Española, artículo o asistía a diversas conferencias.  Por ello, en esa conferencia entendíamos que nuestro profesor y tutor del doctorado, Don Luis Sánchez Agesta – ex Rector de la Universidad de Granada, Primer Rector/fundador de la Universidad Autónoma de Madrid y eminente Catedrático de Derecho Político de la Universidad de Madrid – nos exhortaba a asistir a una conferencia de otro personaje histórico que había que escuchar y del que mucho teníamos que aprender.  Don Fernando Álvarez de Miranda fue un estudioso del Derecho, sobre todo del denominado Derecho Comunitario en la Universidad Complutense de Madrid, donde fue su profesor, y en la Universidad de Luxemburgo, y un apasionado defensor de la vigencia y promoción de los Derechos Humanos.
Presidió fundaciones de derechos humanos y colaboró estrechamente con Amnistía Internacional investigando la situación de los derechos humanos en distintas partes del mundo.  Les fueron otorgados Doctorados Honoris Causa por diversas universidades y fue Senador honorario de Europa.  Su amor por Hispanoamérica lo llevaron a  aceptar en febrero de 1986 y hasta 1989, el difícil cargo de Embajador de España en la República centroamericana de El Salvador que, en aquél tiempo, se desangraba por la lucha subversiva que comandaba el entonces movimiento subversivo “Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional” (FMLN).  Con especial dedicación, prudencia, inteligencia y como promotor indiscutible de la paz de los pueblos del mundo, Don Fernando Alvarez de Miranda fue un factor importante para el éxito de las negociaciones de paz con la guerrilla que condujeron a los acuerdos de paz de 1992.
De 1994 a 1999, ocupó el cargo de Defensor del Pueblo del Reino de España y  también fue el Presidente de la Federación Iberoamericana del Ombudsman (FIO), coincidiendo su período con el nuestro, como Primer Defensor del Pueblo de la República de Panamá (1997-2001).  Durante ese período, recibí los mejores consejos, me transmitió sin egoísmo alguno sus experiencias y su sabiduría, para fortalecer una institución que creamos e instalamos en la República de Panamá, con mística y entusiasmo, partiendo desde cero y dejándola en el 2001, al terminar nuestro periodo, no solo correcta y eficientemente organizada, sino sembrada en el corazón del pueblo panameño.

Carta enviada a mi persona el 12 de abril de 1999 por Don Fernando Álvarez de Miranda,
donde nos honra, refiriéndose al suscrito como “amigo Italo”

Tuve la dicha de conversar muchas veces con Don Fernando Alvarez de Miranda y algunas veces después del término de nuestros mandatos como Defensores del Pueblo y nunca olvidaremos que le preocupaba – al igual que al brillante académico, Dr. Jorge Luis Maiorano, ex Defensor del Pueblo de la Nación Argentina – la pérdida de la auténtica  independencia de las Defensorías, respecto a los poderes fácticos y la lucha para evitar su contaminación política, de modo que toda Defensoría del Pueblo sirva genuinamente a los nobles propósitos de  defender al pueblo, combatir la corrupción y procurar la justicia y la vigencia de los Derechos Humamos comprendiendo que la realidad de Hispanoamérica no era la misma que en Europa. Siempre lamentó que en el caso de Panamá, quienes me sucedieron en el cargo – iniciando por quien me reemplazó inmediatamente – hubiesen introducido la política a la institución, permitiendo que algunos políticos inescrupulosos, a partir del 2001, la capturaran y la silenciaran para que no sintieran el dolor de las personas y le fueran quitando su papel preponderante en la defensa y en la búsqueda de la justicia.

Fotografía del recuerdo, tomada en Madrid, España, el 19 de noviembre de 1999, donde aparecen Defensores del Pueblo de diversos países Iberoamericanos, con Su Majestad la Reina Doña Sofía de España y con Su Alteza Real la Princesa Llala Meryem de Marruecos. A la izquierda, de la Reina Sofía, se distingue Don Fernando Álvarez de Miranda y Torres, y a la derecha, al lado de la Princesa Llala Meryem de Marruecos, aparece el suscrito.

A Don Fernando Alvarez de Miranda le agradezco el apoyo que nos brindó, los sensatos y experimentados consejos que nos transmitió y el cariño personal con el que nos trató.  Conservo un ejemplar de colección que es una réplica exacta de la Constitución Española original, editada a colores por el Congreso de los Diputados de España, que digitaliza las firmas originales, entre ellas la de Don Fernando Álvarez de Miranda, que con especial deferencia nos obsequió y nos dedicó.  Todavía recuerdo que en una ocasión le pregunté ¿Por qué cuando firmó la Constitución no lo hizo con su firma, sino que la suscribió con su nombre?  Su respuesta fue: “Porque después que el Rey firma, no se debe firmar sino escribir su nombre”.  Y así consta en el original de la Constitución española de 1978.  Don Fernando Álvarez de Miranda, político honrado y humanista comprometido, hombre de familia, amigo excepcional e inteligente, así como noble y desprendido, ha muerto en Madrid, España, el 7 de mayo de 2016, a los 92 años.  Los diarios españoles daban la noticia al mundo, destacando su legado y su mística de ciudadano cabal. Ver:
http://www.eldigitalcastillalamancha.es/rajoy-traslada-su-pesame-por-la-muerte-de-fernando-alvarez-de-miranda-215224.htm
Sabemos que la muerte es un trance  inevitable, pero grande es aquél que a su paso por la vida, deja huellas imborrables, no sólo en su patria sino en otros lares, donde su espíritu de bondad y su ejemplo de nobleza, no muere con él porque se le seguirá recordando.  Por ello tengo un hermoso recuerdo de gratitud por quien ha partido y desde Hispanoamérica, tierra a la que mucho amó, hacemos una oración profunda por la luz perpetua de su alma.
Panamá, 9 de mayo de 2016.

(*) El autor es un prolífero analista y admirado conferencista internacional. Ha sido  destacado docente universitario y es un agudo pensador del derecho y de los temas sociales, sobre los que ha escrito y expuesto ampliamente. Fue discípulo, pupilo y amigo personal, de importantes personalidades públicas y académicas españolas, considerados como históricas” en la vida de España.  Es Doctor en Derecho (Especializado en Derecho Constitucional) por la Universidad Complutense de Madrid, Reino de España, título que obtuvo con las máximas calificaciones y reconocimientos académicos.  En su país fue el Primer Defensor del Pueblo de la República de Panamá (1997-2001)

lunes, 18 de enero de 2010

JOAQUIN RUIZ-GIMÉNEZ Y LA VOCACION HUMANISTA. Escrito del Dr. Italo I. Antinori Bolaños

Excelente escrito de sincero homenaje al Dr. D. Joaquín Ruiz-Giménez  fallecido Primer Defensor del Pueblo del Reino de España (1982-1987), que ha escrito su ex alumno, el  Dr. Italo Isaac Antinori Bolaños, Primer Defensor del Pueblo de la República de Panamá (1997-2001), y eminente constitucionalista, a quien en  "La Verdad" le consideramos como uno de los más destacados de Hispanoamérica.

JOAQUIN RUIZ-GIMENEZ Y LA VOCACION HUMANISTA
Eran los primeros días de diciembre de 1986 y los doctorandos en Derecho Constitucional, entrábamos apresurados al salón de clases del Instituto de Derecho Parlamentario (Departamento de Derecho Constitucional) de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, España. Recuerdo que era un día frío, pero soleado y desde el puesto que ocupaba divisaba claramente los majestuosos picachos de la Serranía del Guadarrama, que discretamente empezaban a cubrirse de nieve… La puerta se abrió y el insigne maestro del Derecho Constitucional español, el Dr. Luis Sánchez Agesta (q.e.p.d), entró acompañado de un elegante señor, de porte distinguido y de mirada soñadora, a quien nos presentó como el Dr. Joaquín Ruiz-Giménez, catedrático de filosofía del derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, ex Ministro de Educación de España (1951-1956) y en esos momentos, el Primer Defensor del Pueblo del Reino de España.
Por una invitación del Dr. Sánchez Agesta – que Don Joaquín había aceptado previamente – nos daría clases sólo por las tres semanas siguientes, porque dadas sus altas ocupaciones como Defensor del Pueblo, no disponía de más tiempo para enseñarnos. Fue un verdadero privilegio que Dios me concediera ser su alumno en el tema “La Defensoría del Pueblo, su concepción constitucional y su vocación humanista”. De esa forma pasé a convertirme en discípulo de quien en esos precisos momentos era el Primer Defensor del Pueblo de España.
Conocido es que la Constitución de España de 1978, estableció la Defensoría del Pueblo en el Artículo 54, curiosamente antes que la Corona (que está en el Artículo 60 y siguientes), que las Cortes Generales y la formación de leyes (Artículo 66 y demás), antes que el Gobierno y la Administración (Artículo 97 y siguientes) y antes que las demás instituciones del Estado. Esto sólo puede explicarse desde la perspectiva de la importancia real y precisa que le dieron a la institución, como soporte efectivo y fundamental para la vigencia plena de un Estado social y democrático de derecho, tal como se define el Estado Español en el Artículo 1 de la precitada Constitución, cuando dice que “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. Por tal razón, es que se explica por qué los españoles establecieron la Defensoría del Pueblo, dentro del Título I de la Constitución que se denomina “De los Derechos y Deberes Fundamentales”. Cuando eligieron al Primer Defensor del Pueblo, escogieron a quien podía sembrar en el huerto de la patria, una institución para que creciera fornida y pujante; por ello el Dr. Joaquín Ruiz-Giménez recibió esa misión cuando fue elegido en diciembre de 1982. En la redacción de dicha Constitución había participado como académico y erudito en el tema, nuestro tutor, el eminente constitucionalista, el Dr. Luis Sánchez Agesta, quien había actuado como Senador en la primera legislatura constituyente española nada más y nada menos que, por mandato y decisión de Su Majestad el Rey Juan Carlos I de España.
En ese mes de diciembre de 1986, ante la presencia de tan conspicuas personalidades, fui consciente de que tenía ante mí, la representación vívida de una parte importante de la historia de España del siglo pasado. Ese privilegio me comprometía con más razón, a dar todo de mí con tal de aprender, captar y aprovechar todas sus enseñanzas. Estar en ese sitio, en el momento indicado y en el tiempo adecuado, fue una oportunidad que debía aprovechar plenamente. Con las conferencias magistrales – porque más que clases eran conferencias extraordinarias – aprendí muy claramente que las Defensorías del Pueblo no sólo deben ser ejercidas por titulares independientes que tengan coraje, arrojo y valentía, sino que también es necesario que estén descontaminadas de los intereses de los políticos y de la política.
Nos decía Don Joaquín que, cuando la política se introduce en la Defensoría, ésta empieza no sólo a deteriorarse, sino también a perder el rumbo de su verdadera función que es darle voz a quien no la tiene, porque lo importante es la defensa y protección de todo ser humano, como representación de la creación divina y por tanto, carece de importancia y de significación el grupo político al que pertenezca. Y es que las Defensorías del Pueblo no deben ser instrumentos ni escalinata para rapaces apetitos políticos de sus titulares, como tampoco deben convertirse en apéndices o complementos de los gobiernos de turno ni de los intereses económicos. Por eso supongo que siempre nos repetía que el talante de la institución lo imponía quien la dirigiera. Ello nos indica que los Defensores no deben ser dóciles amanuenses del gobierno en procura de dádivas o réditos políticos, ni tampoco defensores – abiertos o solapados – de los actos o acciones que el gobierno ejecute.
Cuando tal situación ocurre, el propósito y sentido de la institución queda desvirtuado y desnaturalizado. Y el pueblo queda burlado porque se ha falseado una promesa y se ha opacado una esperanza de redención… Como consecuencia de tan memorables clases, Don Joaquín nos invitó a la Defensoría del Pueblo de España. Cuando conocí la institución, su funcionamiento y sus sistemas recién creados, quedé tan entusiasmado que durante cuatro (4) meses estuve asistiendo “ad honorem” para hacer una especie de pasantía en la institución, con la autorización de mi ilustre profesor, el Dr. Joaquín Ruiz-Giménez, Primer Defensor del Pueblo del Reino de España y la aprobación de mi tutor, el genial constitucionalista Dr. Luis Sánchez Agesta (q.e.p.d.)
Como una anécdota curiosa, recuerdo que a mediados de febrero de 1987, Don Joaquín me llamó a su despacho y me dijo que cuando regresara a Panamá con el título de Doctor en Derecho (especializado en Derecho Constitucional) tenía la obligación moral y académica de que, cuando se eligiera al Primer Defensor del Pueblo de la República de Panamá, le debía aconsejar muy bien para que fuera independiente y no estuviera subordinado a los intereses políticos. Diez (10) años después de haberme dicho esa visionaria y premonitoria frase, Dios quiso que el suscrito fuera elegido Primer Defensor del Pueblo de la República de Panamá el 27 de junio de 1997. A veces he llegado a pensar que quizá alguna inspiración divina – de esas que no se pueden explicar más que por la fe que profesamos – tendría Don Joaquín cuando me dijo aquella frase y me dio tan sabia recomendación que apliqué cabalmente.
En el año 1999, los Defensores del Pueblo de Centro América y Panamá, fuimos convocados a Madrid a una reunión en la Defensoría del Pueblo de España de la que era su Defensor, Don Fernando Álvarez de Miranda (Defensor del Pueblo desde 1994 hasta 1999), otro gran ciudadano de España, quien fue Presidente del Congreso de los Diputados de España (1977-1979) y por tanto, le correspondió el histórico acontecimiento de firmar en 1978, junto a Su Majestad el Rey Juan Carlos I, la Constitución de España que desde entonces rige en ese país. Minutos antes de iniciar la reunión, el Defensor del Pueblo de España, entró al salón de juntas, acompañado por Don Joaquín Ruiz-Giménez, quien en esos momentos era Presidente del Comité Español de la UNICEF. Fue una agradable sorpresa para todos los Defensores presentes, saber que en la reunión participaría Don Joaquín.
Pero lo que menos me imaginaba era lo que vendría después… Cuando inició sus palabras como invitado de honor a la reunión, empezó por decir que se sentía muy emocionado y satisfecho al constatar que el Primer Defensor del Pueblo de la República de Panamá, había sido su alumno a quien le había correspondido explicar y enseñar aspectos fundamentales y trascendentales sobre la Defensoría del Pueblo y su función. Sus palabras además de constituir una alta distinción del maestro por el alumno, me llenaron de mucha energía y fortaleza para continuar dirigiendo la institución en mi país – pese a todas las vicisitudes que pasamos los Defensores auténticos – hasta el final de mi mandato y entregarla con toda dignidad y decencia a mi sucesor. Esa fue la última vez que conversamos con más detenimiento (lo volví a ver en las Jornadas Conmemorativas del X Aniversario de la Convención de las Naciones Unidas sobre Derechos del Niño, realizadas en Madrid el 19 y 20 de noviembre de 1999).
En esa ocasión, en la sede de la Defensoría del Pueblo de España, nos despedimos con un fuerte abrazo con el que sellamos el compromiso de luchar para que la justicia no sea una quimera ni la esperanza de los pueblos por un mundo mejor, una etérea concepción. Mientras escribo estas líneas de homenaje al maestro, recordé una frase que escribí refiriéndome a la justicia que dice: “la justicia se siembra – a veces tarda en germinar – pero finalmente crece tanto, hasta tocar el cielo con su fuerza…” (ANTINORI BOLAÑOS, Italo Isaac, Tercer Informe Anual de la Defensoría del Pueblo de la República de Panamá, Impreso por Comunicaciones para Todos, Panamá, 2000, frase extraída de una intervención nuestra y que aparece en la portada de la respectiva edición).
Ante la partida física del Dr. Joaquín Ruiz-Giménez, ocurrida en Madrid, España el 27 de agosto de 2009 a los 96 años de edad, tenemos que reconocer el impulso excepcional que le dio a la instalación y organización de la Defensoría del Pueblo en España hecho que fue fundamental para que la institución se irradiara en nuestros países de Ibero América. Y es que fue desde España, que se difundió a nuestros países después que ese país la estableciera en la Constitución de 1978. Haber creado, establecido y organizado – de forma impecable y con singular éxito – la Defensoría del Pueblo en el Reino de España, fue medular para darle sentido a la institución en Hispanoamérica.
Ese mérito, esa mística y ese importante precedente se lo debemos al Dr. Joaquín Ruiz- Giménez, Primer Defensor del Pueblo del Reino de España (1982-1987). Por ello, ante el dolor de su partida, hoy le damos un digno reconocimiento por su vida, forjada con una extensa como intensa vocación humanista, en beneficio de los demás.
Ciudad de Panamá, miércoles 7 de octubre de 2009.
 
* El  Dr. Italo Isaac Antinori Bolaños, fue el Primer Defensor del Pueblo de la Republica de Panamá (1997-2001). Es licenciado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad de Panamá, posee un post Grado en Derechos Humanos por el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en Altos Estudios Internacionales por la Sociedad de Estudios Internacionales (SEI) de Madrid y Doctor en Derecho (especializado en Derecho Constitucional) por la Universidad Complutense de Madrid, España.
Correo electrónico: iantinorib@cwpanama.net  
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