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lunes, 25 de septiembre de 2017

Mi amada España y el germen de la anarquía. Análisis del constitucionalista complutense Dr. Italo Isaac Antinori Bolaños sobre los movimientos independentistas de la región de Cataluña, España

El Dr. Italo Antinori Bolaños, Doctor en Derecho (especializado en Derecho Constitucional) y Primer Defensor del Pueblo de la República de Panamá (1997-2001), nos ofrece un profundo y conmovedor análisis sobre los intentos independentistas de Cataluña, desde la óptica de un Doctor en Derecho formado en España por las mentes más preclaras y brillantes de finales del siglo pasado.  Su análisis preciso, rotundo y contundente, nos aclara aspectos no tratados por otros analistas sobre la crisis catalana y escrito a una semana de la fecha escogida para celebrarse en Barcelona, el referendo secesionista del 1 de octubre de 2017.  Sus vivencias y su condición de destacado y apreciado discípulo de ilustres personajes de primer orden, en la transición española que se inició en 1975, convierten su análisis en un indiscutible legado histórico de singular valía.  La “Verdad Hispanoamérica” se siente complacida de publicar este excepcional aporte de sociología política y de Derecho Constitucional, escrito por tan admirado maestro, académico y pensador iberoamericano.

Mi amada España y el germen de la anarquía

Análisis del Dr. Italo Antinori B.
iantinorib@cwpanama.net

Amo a España y a su pueblo. Tengo comprensibles y sobradas razones para tan preclaro idilio. Viví y estudié el doctorado en derecho  (especializado en Derecho Constitucional) en la Universidad Complutense de Madrid, y ello me permitió relacionarme con españoles de distintos estratos culturales y sociales, de diferentes regiones, cultura y lugares. Pude comprobar sin ambages que es un pueblo noble y generoso que uno fácilmente aprende a querer. Por qué negar ese amor, si lo valioso y edificante es confesarlo, sacarlo del alma y gritarlo, sin temor y sin complejos, que uno ama a España, tal como está, con sus diferencias culturales por regiones, pero con la unidad monolítica del Estado.
En 1987, mientras cursaba los estudios doctorales, el venerable maestro del Derecho Constitucional, Dr. Don Luis Sánchez Agesta (q.e.p.d.) – mi  tutor académico y quien me había tomado un cariño casi paternal – me recomendó asistir a una conferencia que se dictaría en la Fundación Cánovas del Castillo de Madrid, donde también estaría presente el inteligente profesor y personaje público, Dr. Don Manuel Fraga Iribarne (q.e.p.d.) – estrechamente ligado a la aludida Fundación – y quien siempre me honró con su afecto y a quien había conocido años antes cuando estudiaba la licenciatura en Derecho y Ciencias Políticas en Panamá, y éste realizaba una de sus giras políticas por Iberoamérica promoviendo entre los residentes españoles, al entonces Partido Alianza Popular (que había fundado y del que era Presidente) y que terminaría convirtiéndose en el antecedente inmediato del actual Partido Popular que gobierna España.  Nunca olvidaré la histórica conversación, que se produjo esa noche, donde tuve el honor de estar junto a dos  genios del Derecho Constitucional. Don Luis le comentó a Don Manuel que el suscrito había hecho una exposición en los cursos de Doctorado donde sostenía que había un grave error sociológico en la Constitución Española de 1978, específicamente en el artículo 3 donde, si bien establecía el Castellano como lengua “española” oficial del Estado, también establecía que las demás lenguas españolas serían “oficiales” en sus respectivas Comunidades Autónomas, de acuerdo con sus Estatutos. Fraga quien era y es considerado uno de los ocho (8) padres de la Constitución Española de 1978 y Don Luis, quien había sido honrado por el Rey Don Juan Carlos I, designándolo como Senador de la primera legislatura constituyente española de 1977, me miraron fijamente, quizá sorprendidos – más Fraga que Don Luis – por la lisura del joven “sudamericano” (no tenía 30 años aún) que exponía con seguridad, semejante tesis. Tras unos segundos de silencio, Fraga me espetó a boca de jarro y sin recato alguno, con su voz impositiva, un lacónico ¿Por qué?  Me pedía con una sola y directa expresión que sustentara las razones de nuestro criterio. Me afiancé y sin titubeo alguno, me lancé a exponer con rápidas palabras que el error había estado en no haber expresado clara y categóricamente en el artículo 3, el deber u obligación (no solo el derecho) de que en las comunidades autónomas, se usara, se respetara y se utilizara el castellano en todos los trámites oficiales de cada comunidad y en los asuntos atinentes a la educación, porque tal como estaba redactado el precitado artículo 3 de la Constitución Española, en algunos años podría surgir el germen de la desunión de España que la impulsaría a su desintegración y fraccionamiento social. Expliqué que era un error haber señalado que existía el derecho de usar el castellano y solo el “deber” de conocerlo, sin embargo, nunca se estableció el deber u obligación de usarlo en todos los actos oficiales de cada Comunidad Autónoma, como lengua oficial y única del Estado. Cuando terminé,  la mirada de Don Luis fue compasiva y la de Fraga feroz. Esperé el golpe dialéctico de la impredecible personalidad de Fraga; sin embargo, para mi sorpresa me dio dos palmadas  suaves en el hombro y solo me dijo: “Esperemos que no”  Sentí que quizá indultó mi pensamiento constitucional y que fue probable que no quisiera aniquilar de un tajo, mi entusiasmo académico.
Han pasado treinta años de esa histórica conversación cuyo único testigo vivo soy yo. Ante el sentimiento independentista que para estas fechas promueven sectores catalanes con un innegable apoyo – lamentable pero es un hecho cierto – de un considerable sector de la población, sobre todo joven, me he preguntado si en efecto, la raíz de la desunión nació con el artículo 3 de la Constitución Española de 1978, como sostenía desde 1987, en mis atrevidos análisis constitucionales.  A las comunidades autónomas (como la de Cataluña, la Gallega, Valenciana, y el país Vasco, entre otras), había que darles el derecho a usar sus propias lenguas pero jamás permitir que esas lenguas regionales quedaran equiparadas al castellano o español, que es la lengua oficial del reino, ni mucho menos permitir el menoscabo de ésta, a favor de aquellas, como poco a poco ha ido ocurriendo en las comunidades autónomas y con más determinación y preeminencia en Cataluña. Con la oficialización de su lengua y sin la obligación constitucional de acatar el castellano, Cataluña fue traduciendo desde 1978 textos escolares al catalán para los distintos niveles de educación. De esta manera el niño, desde los primeros años aprendía sus lecciones en catalán, nunca en castellano. En los textos los niños y jóvenes leyeron la historia reescrita y reinterpretada de España con el calculado propósito de adoctrinar desde las aulas a los más jóvenes para que entendieran que Cataluña debía ser independiente de la “perversa” y “opresora” España, porque la culpa de todos los males lo representaba España como nación unitaria.  Así cambiaron lentamente la historia del Reino de Aragón al que perteneció Cataluña y en su lugar reescribieron la del Principado de Cataluña. Ha sido una guerra muy inteligente, como indudablemente son los catalanes, que se libró sin balas y en silencio, pero con libros que sirvieron de manera eficaz para aleccionar a los niños y jóvenes que algún día serían adultos, en el pensamiento independentista catalán y sabiendo que éstos harían, en su momento, la soñada escisión de España.  Fue una siembra paciente, un abono permanente que sabrían que produciría los frutos deseados, tal como ocurre en estos momentos. Como si fuera poco, las emisoras y televisoras transmitían en catalán e insuflaban la grandeza de Cataluña, a la par que menospreciaban a la “perezosa” España – responsable de todos los males – porque decían sin titubeos y sin pudor alguno que, sin Cataluña donde todo se hacía – además de la riqueza – el resto de España no podría vivir.  La lengua oficial, de rigor, en el gobierno regional, fue el Catalán y poco a poco fueron imponiendo la ordenanza de que, solo  podían estudiar en Cataluña, quienes hablaran esa lengua, mientras que los castellano parlantes no podían hacerlo si no hablaban el catalán.  El resto de España y sus gobiernos miopes y hasta torpes, nunca previeron que tales acciones inevitablemente conducirían, al cabo de algunos años, a que muchos niños, ahora convertidos en jóvenes y también en adultos, abrazaran entusiasmados la causa independentista de Cataluña que desde las aulas de clases le habían irradiado, enseñado y aleccionado por años, ante la permisiva cobardía de los dirigentes nacionales y de los políticos trasnochados. Por eso sostengo que la causa independentista y por ende, el desmembramiento social y político de España, no nació hace poco tiempo, sino que empezó a germinar y a fraguarse a partir del mismo 27 de diciembre de 1978, cuando el Rey Juan Carlos I y demás dignatarios, firmaron la Constitución Española de 1978. Desmontar toda la “siembra” conceptual e ideológica hecha durante casi cuarenta (40) años a favor de la independencia, no es tarea de poco tiempo, es un largo recorrido hacia la unidad de España, que habría que hacer con paciencia, perseverancia y sentido de Estado.  Lo que ocurra el uno (1) de octubre de 2017 con el intento de referendo independentista o deje de ocurrir, no será de mayor transcendencia frente a una innegable realidad que duele pero que es cierta: España ha quedado fracturada y hay un considerable e importante grupo de catalanes que cree firmemente en la independencia, porque con los años los dejaron embriagarse de ese concepto y dejaron que les sembraran en el alma una crispación profunda contra todo lo que signifique “España”.  Y contra ese sentimiento no existe misil en el mundo que lo pueda destruir. Estoy convencido que, desde 1978 – por la razón constitucional que hemos explicado – se inició la fractura social de España que resulta muy difícil de recomponer a la fecha, porque a toda esta causa tan grave, se suma una peor, que es el componente genético que yace en la sangre del pueblo español: su tendencia a la anarquía.
Hoy recuerdo que cuando ocupé el cargo de Primer Defensor del Pueblo de la República de Panamá (1997-2001), nuestro período coincidió con el de Don Fernando Alvarez de Miranda (q.e.p.d.) quien era el Defensor del Pueblo de España en esos años, y quien había sido el Presidente de las Cortes Españolas en 1978.  Por su alto cargo, a Don Fernando le había correspondido el honor de refrendar debajo de la firma del Rey Juan Carlos I, la histórica Constitución de 1978. En largas conversaciones que sostuvimos, pude contarle la anécdota con Don Manuel Fraga y nuestra cosmovisión del artículo 3 y nuestro necio convencimiento de que en el futuro sería la causa más importante que provocaría el desmembramiento sociológico del Reino de España. Don Fernando, no sé si por lo inmensamente tolerante y amistoso que era, me escuchó pacientemente siempre y en alguna que otra ocasión logré que me aceptara que la situación podía ser preocupante.  Recuerdo que en una ocasión le narré que en 1994, cuando mi esposa y yo residíamos en Suiza, algunos profesores me invitaron en una ocasión a visitar la Universidad de Friburgo.  Había una exposición de las lenguas de los países europeos.  Y mientras casi la mayoría de los países exhibían con orgullo su lengua nacional, el estanco de España presentaba cuatro lenguas: el catalán, el vasco, el gallego y de último el castellano. Recuerdo que me pareció hasta hiriente pensar que mientras en nuestra América india se defendía el castellano o el español que España nos había legado desde la conquista, ahora en la noble España dicha lengua sucumbía lentamente, frente al embate de las otras…. ¡Qué ironía!
23 de septiembre de 2017

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miércoles, 11 de mayo de 2016

El reconocido constitucionalista complutense, Dr. Italo Antinori Bolaños, en un sentido escrito hecho desde la caribeña y muy encantadora ciudad de Panamá, le hace un significativo homenaje de consideración, a D. Fernando Álvarez de Miranda y Torres, destacado personaje de la historia española del siglo pasado, de quien fue su amigo, y quien ha fallecido en Madrid a los 92 años de edad el pasado 7 de mayo de 2016

FERNANDO ÁLVAREZ DE MIRANDA: UN CIUDADANO EJEMPLAR.
Análisis del Dr. Italo Antinori Bolaños (*)

Todavía no dejo de agradecerle a Dios la oportunidad de haberme colocado en Madrid, España, en años posteriores que fueron fundamentales para la consolidación de la Transición Española, ocurrida a partir del 20 de noviembre de 1975, después de la muerte de Francisco Franco.  Con un título de Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá y con muchas ilusiones académicas, viajé a Europa para prepararme con un Doctorado en el área del Derecho Constitucional, una de las grandes pasiones de mi vida.  Dios quiso que por asuntos académicos conociera y me relacionara con personajes históricos de España a quienes tuve como mis profesores, tutores, guías, referentes y amigos, en el campo de la academia y del alto intelecto.  Así pude relacionarme con personajes que la historia de España coloca en sitiales imperecederos como  Manuel Fraga, Luis Sánchez Agesta, Manuel Jiménez de Parga, Joaquín Ruiz Giménez, entre otros eminentes profesores ya fallecidos, otros vivos como Alfonso Fernández Miranda, distinguido sobrino muy querido de Torcuato Fernández Miranda, verdadero ideólogo de la Transición Española.
En 1987, asistí a una conferencia sobre la Constitución Española de 1978 y allí por primera vez conocí, por Don Luis Sánchez Agesta, a quien había dictado la entusiasta conferencia llena de anécdotas sobre la transición española de la que había sido partícipe directo.  Era Don Fernando Álvarez de Miranda, quien estaba unos días por Madrid pues ocupaba el cargo de Embajador de España en El Salvador.  Era santanderino y un histórico y respetado dirigente español quien había sido Presidente del Congreso de los Diputados de la Transición Española, entre 1977 y 1979, quien había tenido el alto honor de pasar a la historia, por haber firmado en el Palacio de las Cortes, a 27 de diciembre de 1978 – tal como dice la Constitución – junto con el Rey Juan Carlos I de España, la Constitución Española de 1978, que rige en España y que, con muchísimas más luces que algunas pequeñas sombras, ha sido el vértice fundamental para estructurar la democracia española.
 Después de la firma del Rey Juan Carlos, firmó Antonio Hernández Gil como Presidente de las Cortes, posteriormente lo hizo Don Fernando Álvarez de Miranda como Presidente del Congreso de los Diputados, y finalmente, Antonio Fontán Pérez, como Presidente del Senado de esa época.  El ser consciente que estaba conociendo y relacionándome con personajes históricos de España, producía en mí una enorme emoción y una sed inagotable por buscar el conocimiento.  Leía cuanto libro encontrase sobre la Transición Española, artículo o asistía a diversas conferencias.  Por ello, en esa conferencia entendíamos que nuestro profesor y tutor del doctorado, Don Luis Sánchez Agesta – ex Rector de la Universidad de Granada, Primer Rector/fundador de la Universidad Autónoma de Madrid y eminente Catedrático de Derecho Político de la Universidad de Madrid – nos exhortaba a asistir a una conferencia de otro personaje histórico que había que escuchar y del que mucho teníamos que aprender.  Don Fernando Álvarez de Miranda fue un estudioso del Derecho, sobre todo del denominado Derecho Comunitario en la Universidad Complutense de Madrid, donde fue su profesor, y en la Universidad de Luxemburgo, y un apasionado defensor de la vigencia y promoción de los Derechos Humanos.
Presidió fundaciones de derechos humanos y colaboró estrechamente con Amnistía Internacional investigando la situación de los derechos humanos en distintas partes del mundo.  Les fueron otorgados Doctorados Honoris Causa por diversas universidades y fue Senador honorario de Europa.  Su amor por Hispanoamérica lo llevaron a  aceptar en febrero de 1986 y hasta 1989, el difícil cargo de Embajador de España en la República centroamericana de El Salvador que, en aquél tiempo, se desangraba por la lucha subversiva que comandaba el entonces movimiento subversivo “Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional” (FMLN).  Con especial dedicación, prudencia, inteligencia y como promotor indiscutible de la paz de los pueblos del mundo, Don Fernando Alvarez de Miranda fue un factor importante para el éxito de las negociaciones de paz con la guerrilla que condujeron a los acuerdos de paz de 1992.
De 1994 a 1999, ocupó el cargo de Defensor del Pueblo del Reino de España y  también fue el Presidente de la Federación Iberoamericana del Ombudsman (FIO), coincidiendo su período con el nuestro, como Primer Defensor del Pueblo de la República de Panamá (1997-2001).  Durante ese período, recibí los mejores consejos, me transmitió sin egoísmo alguno sus experiencias y su sabiduría, para fortalecer una institución que creamos e instalamos en la República de Panamá, con mística y entusiasmo, partiendo desde cero y dejándola en el 2001, al terminar nuestro periodo, no solo correcta y eficientemente organizada, sino sembrada en el corazón del pueblo panameño.

Carta enviada a mi persona el 12 de abril de 1999 por Don Fernando Álvarez de Miranda,
donde nos honra, refiriéndose al suscrito como “amigo Italo”

Tuve la dicha de conversar muchas veces con Don Fernando Alvarez de Miranda y algunas veces después del término de nuestros mandatos como Defensores del Pueblo y nunca olvidaremos que le preocupaba – al igual que al brillante académico, Dr. Jorge Luis Maiorano, ex Defensor del Pueblo de la Nación Argentina – la pérdida de la auténtica  independencia de las Defensorías, respecto a los poderes fácticos y la lucha para evitar su contaminación política, de modo que toda Defensoría del Pueblo sirva genuinamente a los nobles propósitos de  defender al pueblo, combatir la corrupción y procurar la justicia y la vigencia de los Derechos Humamos comprendiendo que la realidad de Hispanoamérica no era la misma que en Europa. Siempre lamentó que en el caso de Panamá, quienes me sucedieron en el cargo – iniciando por quien me reemplazó inmediatamente – hubiesen introducido la política a la institución, permitiendo que algunos políticos inescrupulosos, a partir del 2001, la capturaran y la silenciaran para que no sintieran el dolor de las personas y le fueran quitando su papel preponderante en la defensa y en la búsqueda de la justicia.

Fotografía del recuerdo, tomada en Madrid, España, el 19 de noviembre de 1999, donde aparecen Defensores del Pueblo de diversos países Iberoamericanos, con Su Majestad la Reina Doña Sofía de España y con Su Alteza Real la Princesa Llala Meryem de Marruecos. A la izquierda, de la Reina Sofía, se distingue Don Fernando Álvarez de Miranda y Torres, y a la derecha, al lado de la Princesa Llala Meryem de Marruecos, aparece el suscrito.

A Don Fernando Alvarez de Miranda le agradezco el apoyo que nos brindó, los sensatos y experimentados consejos que nos transmitió y el cariño personal con el que nos trató.  Conservo un ejemplar de colección que es una réplica exacta de la Constitución Española original, editada a colores por el Congreso de los Diputados de España, que digitaliza las firmas originales, entre ellas la de Don Fernando Álvarez de Miranda, que con especial deferencia nos obsequió y nos dedicó.  Todavía recuerdo que en una ocasión le pregunté ¿Por qué cuando firmó la Constitución no lo hizo con su firma, sino que la suscribió con su nombre?  Su respuesta fue: “Porque después que el Rey firma, no se debe firmar sino escribir su nombre”.  Y así consta en el original de la Constitución española de 1978.  Don Fernando Álvarez de Miranda, político honrado y humanista comprometido, hombre de familia, amigo excepcional e inteligente, así como noble y desprendido, ha muerto en Madrid, España, el 7 de mayo de 2016, a los 92 años.  Los diarios españoles daban la noticia al mundo, destacando su legado y su mística de ciudadano cabal. Ver:
http://www.eldigitalcastillalamancha.es/rajoy-traslada-su-pesame-por-la-muerte-de-fernando-alvarez-de-miranda-215224.htm
Sabemos que la muerte es un trance  inevitable, pero grande es aquél que a su paso por la vida, deja huellas imborrables, no sólo en su patria sino en otros lares, donde su espíritu de bondad y su ejemplo de nobleza, no muere con él porque se le seguirá recordando.  Por ello tengo un hermoso recuerdo de gratitud por quien ha partido y desde Hispanoamérica, tierra a la que mucho amó, hacemos una oración profunda por la luz perpetua de su alma.
Panamá, 9 de mayo de 2016.

(*) El autor es un prolífero analista y admirado conferencista internacional. Ha sido  destacado docente universitario y es un agudo pensador del derecho y de los temas sociales, sobre los que ha escrito y expuesto ampliamente. Fue discípulo, pupilo y amigo personal, de importantes personalidades públicas y académicas españolas, considerados como históricas” en la vida de España.  Es Doctor en Derecho (Especializado en Derecho Constitucional) por la Universidad Complutense de Madrid, Reino de España, título que obtuvo con las máximas calificaciones y reconocimientos académicos.  En su país fue el Primer Defensor del Pueblo de la República de Panamá (1997-2001)